¿Qué está pasando en las cárceles durante la crisis del COVID-19?

La situación de las personas presas en las cárceles se ha vuelto casi insostenible desde que comenzó la pandemia. La propias condiciones del encierro en una carcel hacen imposibles las medidas de proteccion y aumentan las posibilidades de propagacion descontrolada de virus como como el covid-19.  Lejos de tener los materiales necesarios y cumplir con las normas sanitarias, las personas presas se enfrentan a una situación más que desfavorable. Usan las mismas cabinas telefónicas sin material, las celdas son tan pequeñas que no es posible mantener la distancia de seguridad y, además, las visitas han sido enormemente restringidas -cuando no prohibidas -en las prisiones. 

Esta son solo algunos ejemplos de la situación y, al ritmo de extensión que lleva la pandemia, es muy posible que se infecten cárceles enteras si el personal no cuida estrictamente la normativa, la distancia de seguridad y si no se tienen mascarillas, guantes, gel desinfectante… etc. 

Ya el 23 de marzo, la Organización Mundial de la Salud sacó una guía para que todos los estados tomarán medidas para con las cárceles. Entre ellas, la aplicación de medidas no privativas de libertad, especialmente para personas vulnerables (mujeres embarazadas o con hijos dependientes).

Además, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de la ONU, Michelle Bachelet, ha pedido urgentemente que se reduzca el número de presas y presos dentro de las cárceles. Ha señalado que, frente a esta pandemia, son especialmente vulnerables las personas de mayor edad, para quienes se tienen que disponer medidas especiales. 

A esto, hay que sumarle los últimos datos accesibles de la Administración General del Estado, que se refieren a enero de este 2020. De todas las personas recluidas en cárceles del Estado español, 2.103 son mayores de 60 años y, la mayoría, tienen problemas de salud. Por eso, se ha exigido al Gobierno español que se tomen medidas para que la situación en las cárceles no se convierta en una catástrofe humanitaria. Más de 56 organizaciones de derechos humanos piden conmutación de sentencias, libertad anticipada o condicional y que se reevalúe el internamiento involuntario de los pacientes psiquiátricos. 

Pero esta situación no es puntual. Desde hace años se lleva denunciando la precaria situación sanitaria dentro de las cárceles: falta de personal médico, recursos sanitarios o atención inadecuada… etc. Las únicas medidas que se han llevado a cabo han sido restringir la comunicación presencial, los paquetes externos y la entrada de personas de apoyo externo (abogados, integradores… etc.). Además, se han suspendido, en su mayoría, las actividades de apoyo, talleres y lúdicas. El acceso del personal es mínimo y se excluye también a las ONGs. 

Algunas de las medidas que sí se han llevado a cabo han sido aumentar las llamadas (aunque no son gratuitas) o facilitar móviles u otros soportes digitales para facilitar videollamadas. 

Es difícil saber cuántas personas presas están infectadas, ya que la información no se da oficialmente. Sin embargo, sí que hay casos de contagio dentro de la población presa. En la prisión de Estremera, una mujer de 78 años murió por COVID-19 el pasado 23 de marzo de 2020. 

En la cárcel de Burgos, hasta el 25 de marzo, no se había notificado ningún caso de COVID-19. En ese mismo día se contabilizaron diez casos de personas presas positivos y 38 sospechosos en prisiones catalanas; además de 51 trabajadores contagiados. A esta situación, se le añaden los 343 presos aislados en cuarentena y otros 260 trabajadores en la misma situación.  Desde entonces se añaden otras 6 personas más confirmadas con positivo y otras 250 personas más en cuarentena dentro de las cárceles por sospecha de contagio.

Pero más allá de las cifras lo realmente alarmante es la situación en la que miles de personas tienen que afrontar esta crisis sanitaria estando privados de libertad, con un doble  aislamiento social,por estar en prisión y por no poder mantener las mínimas relaciones personales a las que tienen derecho, con un sistema sanitario carcelario insuficiente y sin medidas de protección frente a los funcionarios que entran y salen cada día y que son los posibles responsables de un contagio masivo dentro de las cárceles.

Mucho estamos reflexionando estos días sobre el confinamiento encerrados en nuestras casas, de cómo nos afecta y de las consecuencias emocionales, psicológicas y físicas que estamos o podemos sufrir con esta situación. ¡No nos olvidemos de las personas presas! 

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